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Métodos de control

Existen numerosas definiciones del término Gestión Integrada de Plagas (GIP). Todas ellas hacen hincapié en el uso racional de absolutamente todas las alternativas de control de que disponemos:

Métodos biológicos, como la suelta de avispillas parasitoides del género Aphytis contra algunos diaspídidos, o el uso de Rodolia cardinalis contra la cochinilla acanalada,

Métodos culturales, como una buena poda, que favorece la aireación de la copa, permitiendo la correcta aplicación de plaguicidas si se considerase oportuno, un buen manejo del riego, evitando, por ejemplo encharcamientos, o un abonado equilibrado que no favorezca proliferaciones de ácaros por excesivo vigor,

Métodos físicos, como la destrucción de la madera de poda, el uso de trampas pegajosas, o el propio laboreo del suelo, eliminando malas hierbas y exponiendo a la desecación a algunos insectos que pasan alguna parte de su vida en la tierra,

Uso de variedades resistentes, como ocurre actualmente con la sustitución del pie amargo por patrones tolerantes al virus de la tristeza de los cítricos,

Métodos legales, aplicando las correspondientes cuarentenas para la prevención de la difusión y propagación de especies dañinas aún no presentes en nuestro país, como por ejemplo el psílido Diaphorina citri, o el cancro de los cítricos,

sin olvidarse de los métodos químicos, empleados como último recurso y siguiendo las buenas prácticas agrícolas calibrando los aparatos aplicadores, controlando el gasto, etc.